Fumo porque es el único aire que mata con justificación. En esta ciudad respirar es morir, y está bien, después de todo cada respiro es una parte de vida que se va.
Fumo mientras camino.
El eco de las hojas del otoño en el suelo marca mis pasos, y los del tiempo. Y sigo caminando. Nada me detiene.
Miro hacia atrás y veo la suela de mis zapatillas grabadas en el suelo. Me angustia. Me cuesta dejarme ir, pero lo comprendo, ya no puedo vivir del pasado.
